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Sembrando conciencia desde la infancia rural

En nuestra visita a la vereda de Motavita, en el municipio de Socotá, vivimos una experiencia que nos recordó que las semillas más importantes no siempre son las que se siembran en la tierra, sino también las que se siembran en el corazón de los niños.

Compartimos una jornada muy especial con los estudiantes de la escuela rural de la vereda, quienes, a través de su huerta escolar, están aprendiendo desde pequeños el valor de cultivar la tierra, cuidar la naturaleza y comprender de dónde nacen los alimentos que llegan a nuestras mesas. Más allá de una actividad pedagógica, esta huerta representa una herramienta de conciencia, amor por el territorio y conexión con sus raíces campesinas.


La ilusión de los niños rurales con sus proyectos ecológicos
La ilusión de los niños rurales con sus proyectos ecológicos


Durante la actividad entregamos algunos regalos a los niños como una forma de reconocer su entusiasmo, su compromiso y la alegría con la que participan en estos procesos. Pero, sinceramente, quienes terminamos llevándonos el regalo más grande fuimos nosotros: ver niños felices aprendiendo a sembrar en medio de las montañas nos confirma que todavía existe esperanza para el campo y para el futuro del planeta.

Creemos profundamente que incentivar este tipo de proyectos en las escuelas rurales puede transformar la manera en que las nuevas generaciones ven el campo. Cuando un niño entiende que sembrar también es construir vida, aprende a valorar su territorio y a convertirse en protagonista del cuidado ambiental y de la soberanía alimentaria.

Porque educar a un niño para amar la tierra es también enseñarle a proteger el futuro




 
 
 

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